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Los Tímidos Inicios  Nace Ansares   La Unión Hace La Fuerza  Ayudémosle a Caminar


La historia del "Cine Club Juan de Valdés" es, también, la historia de una generación de jóvenes  taranconeros que tuvieron el valor en aquellos momentos especialmente delicados de la transición política hacia la democracia, de poner la cultura al servicio de la revisión crítica de los valores heredados del franquismo o, en sus casos más  extremos, de su radical demolición. Desaparecido aquel contexto de confrontación ideológica que le vió nacer, se ha convertido en el único testigo viviente en Tarancón de la pasión por el Séptimo Arte.

Los Tímidos Inicios 


    Bajo el paraguas eclesiástico, un sector muy importante de la juventud organizó en 1974 su propio Cineforum. Aun cuando su programación no se caracterizó precisamente por su radicalismo, los que la pusieron en marcha (Amparo de la Torre, Angel Ortiz...) y los que la vivieron recuerdan con melancólica claridad que aquellas proyecciones inyectaron en los jóvenes, desde su moderación, una dosis nada despreciable de espíritu crítico que habría de resultar fundamental para el desarrollo de la democracia.


Nace Ansares

 
    La demolición de la Casa del Jóven, condujo a estos jóvenes moderados a integrarse en la Asociación Cultural "Ansares", una organización constituida en 1976 en la Casa de la Juventud y cuyo director, Jose Antonio Sequí, hacía lo que podía por borrar, desde su llegada en 1970, los perfiles fascistas que habían dibujado sobre ella la hegemonía operativa del Frente de Juventudes y la Organización Juvenil Española. No teniendo una sala digna para la proyección cinematográfica, los cinéfilos de "Ansares", dirigidos ya por Gerardo Polo y Carlos Martos, entraron pronto en contacto, forzados por la necesidad, con los círculos estudiantiles del Instituto Nacional de Bachillerato "Ruiz Jarabo", en cuyo seno se había constituido un cineforum que, capitaneado por algunos profesores ligados al partido comunista, había puesto al cine al servicio de una agitación cultural de naturaleza políticamente revolucionaria.


La Unión hace la fuerza 


Este entramado ideológico de difícil encaje se complicó aún más con la llegada al grupo de un hombre providencial. Jose Luis Maestre (Albacete, 1950) era uno de los muchos universitarios que vinieron a Tarancón en busca de trabajo poco antes de la muerte de Franco (...). Solo la pasión por el cine de calidad hizo posible la integración en un solo grupo de mundos ideológicamente tan diversos como el humanismo cristiano, el radicalismo comunista y el espíritu anarquista. Las presiones del Gobierno Civil por evitar las proyecciones de cine militante en el salón de actos del Instituto "Ruiz Jarabo" resultaron continuas e intensísimas, y no fueron pocas las veces en que se hicieron necesarias las intervenciones de Jose Antonio Sequí y del primer alcalde de la democracia, el entonces ucedista Antonio Domínguez, para impedir que la Guardia Civil acabara con la proyección de alguna película de talante un tanto corrosivo.
Los sucesos acontecidos en el estreno en Tarancón de "Viridiana", de Buñuel, muestran a las claras el enrarecido ambiente político en que se gestó la aventura del "Cine Club Juan de Valdés" que, bajo la advocación a un conquense heterodoxo, nació en 1982 con una clara voluntad de construir la "cultura de la tolerancia" tras el fracaso del golpe de estado del 23 de Febrero.


Ayudémosle a caminar 


Gracias, sin embargo, a las gestiones de Jose Antonio Sequí, al apoyo del primer ayuntamiento democrático de la UCD, presidido por Antonio Domínguez, a la complicidad de las autoridades provinciales y regionales socialistas ( Manuel Osuna y Fidel Martínez Palomares) y al definitivo impulso del popular Juan Manuel López, el Cineclub acabó adquiriendo, bajo la dirección de Jose Luis Maestre, un progresivo caracter institucional en detrimento de su antigua y genuina beligerancia política. Gracias a este apoyo pudo conseguir en 1990, después de muchos años de incertidumbre, una sede fija -un salón de actos que, con mucha imaginación y un poco de buena voluntad, puede parecerse a un "cine"- y aspirar a sustituir el enorme vacío que dejara la demolición del mítico Teatro Alcázar. A partir de entonces, su inicial purismo cinematográfico ha dejado paso a un progresivo instinto comercial con la sola intención de recuperar para el cine a aquellos hijos suyos que la televisión convirtió en clónicos de cera. Guiños al tiempo, si se quiere, pero que nada quitan ni ponen al caracter heróico de unos jóvenes a los que le tiempo ha puesto algunas canas ya y que supieron construir sobre la nada una noble escala para Gary Cooper y para los secretos más ocultos de nuestro corazón.

Carlos Morales.


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